Capital vs capital del pecado:
La tradicional Mexicali o la Tijuana de revolución
Por Renee Toledo Bouvet
En lo que se refiere a la producción artística de baja california,
específicamente de Tijuana y Mexicali, existe un abismo de diferencia en cuanto
a calidad de proposición, siendo la capital la que queda rezagada por la
temática de la obra proveniente de la capital del pecado.
Lo importante a cuestionar de la situación anterior planteada, no es el
sistema académico artístico de una ciudad u otra, sino el porqué de los
diferentes resultados. La respuesta es simple, Tijuana desde sus inicios ha
personificado el papel de ciudad de paso, un lugar en el que por un breve
tiempo los viajeros podían dar rienda suelta al placer y después seguir
adelante con su camino.
Con el paso del tiempo, el constante tránsito de personas rindió frutos
positivos al lugar: una visión fresca y más completa para sus habitantes
generada por la multiculturalidad del turismo, dándose una fusión de
pensamiento conformado por cada uno de los puntos cardinales, una fusión que
inconvenientemente no podía impactar de manera directa a los residentes de
Mexicali.
Esta posición ventajosa no fue del todo aprovechada por la comunidad
artística, pues por un tiempo se mantuvo dormido el rol de comunicador y líder
de avance del productor, ya que (a pesar del deseo de crear un cambio, impactar
su ciudad mediante la temática de sus piezas, llevar su trabajo a las instituciones
de mayor reconocimiento, saltar las fronteras siendo reconocidos nacional e
internacionalmente por la radicalidad de su visión), con el arribo de
circunstancias o dificultades, también llega la necesidad de un constante flujo
de dinero. Y como ya era de suponerse, lo anterior planteado hizo que se
cambiara el enfoque hacia una meta totalmente diferente: la comercialización.
En ese momento el Mexicali y
Tijuana de los años ochenta, iban navegando sobre la misma ola, es decir,
avanzado de forma equivalente, en ocasiones una región más adelante que la
otra, pero en términos generales, igual. Fue hasta a mediados de los noventa
que esta principal tendencia (manejándolo como principal por encontrarse
presente en los talleres de todos los artistas)
forzada por la venta; donde los representantes del arte (tarde o
temprano), incluían en su producción la constante “preferencia” por el lienzo
de narrativa paisajista, con técnica de acuarela u óleo, que fueron empujando a
segundo plano la elaboración de proyectos que respondiesen a los parámetros de
otras disciplinas; comenzaron a despertar.
Lo anterior ocurre a partir de la popularización del internet, fabricando
como consecuencia la globalización que,
a su vez, provocó un avance catapultado por la facilidad con que la
información viajaba de un individuo a otro, permitiendo a la comunidad
pictórica expandir de manera monumental su pensamiento, y por supuesto, la
proyección conceptual de este en su obra.
Esta herramienta se ofrecía a ambas regiones con igual de disponibilidad, que en el caso de Mexicali,
movió en los pertenecientes al circulo artístico la necesidad de “proponer”
ideas que sacaran a sus receptores del estado de confort al que las galerías
los habían acostumbrado, pero como era de esperarse, el público levantó un muro
intimidante de rechazo (como suele pasar cuando recién se topan con lo nuevo o
desconocido), tan imponente como para “suavizar” el coraje de los productores y
mantenerlos lo suficientemente tradicionales (por decirlo de algún modo) como
para seguirlos aceptando y, lógicamente, pagando.
Pasando al caso de Tijuana, el ciberespacio evolucionó de ser objeto de
utilidad, hasta la posición de arma que reforzara y protegiera este “despertar”
del que se ha venido hablando, mismo que aunado al hecho de que esta ciudad fue
forjada sobre la multiculturalidad de todos sus efímeros o provisionales, lanzó
más bruscamente a la globalización, combinación que fue desencadenado el momento
artístico de la capital del pecado, opacando este título (que mas que titulo
viene siendo un cliché) y abriendo paso al desarrollo de una nueva
postura.
Las nuevas generaciones de artistas que hoy en día representan a Mexicali
y Tijuana, aún se encuentran sumergidos dentro de las posibilidades que su casa
les ofrece, y siguen estando en desnivelación, pero, con la ayuda que les
brinda el aprendizaje de los más experimentados, la tecnología y la apertura
con la que la sociedad está recibiendo lo creativo y propositivo, se empieza a
marcar el rumbo al que se están guiando (los artistas), uno que marcha hacia un
crecimiento en el que ambas regiones empezaran a diluirse la una con la otra,
abogado por su desarrollo como un solo cuerpo.
Hola Renne comparto algunos puntos de tus apreciaciones, sin embargo la diferencia que comienza a separar la producción tijuanense de la de Mexicali la veremos desde mediados de los ochentas y no noventa como tu comentas y cierto es que el fenómeno de las innovaciones tecnologías influirán, hay un factor determínate que soslayas y es el dinamismo multicultural de una ciudad y otra lo que remarcará la diferencia, al igual que el arribo de creadores con otras perspectivas (como apuntas)
ResponderEliminarFelicidades
Mtro. Roberto Rosique